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11 mayo, 2026

Ser profe en un aula hospitalaria - Entrevista a @mamidigoprofe 

Un artículo de: Unoentrecienmil

Silvia Verbo nos cuenta su experiencia dando clase a niños y adolescentes en un hospital

La puerta de la habitación “102” se abre. Martín está dentro, con su madre sentada al lado de la cama. No se ha separado ni un minuto en los tres días que llevan aquí desde el diagnóstico. Entra Silvia, una mujer joven con bata blanca.

Aunque ella no es médico, ha aprendido mucho sobre enfermedades infantiles. Aunque no es psicóloga, acompaña a un montón de niños y adolescentes en estos momentos tan duros. Aunque no es amiga de la familia, siempre acaba creando unos lazos imborrables con ellas.

Silvia es profesora en un aula hospitalaria y creadora de contenido. Cuando un niño o adolescente ingresa en su hospi, ella es la encargada de que, durante unas horas al día, pase de ser paciente a volver a ser un alumno. Hace unos días pasó un rato con el equipo de la Fundación Unoentrecienmil para contarnos su experiencia, este es un resumen de esa charla.

Silvia Verbo @mamidigoprofe en la bilbioteca de su aula hospitalaria
Silvia Verbo @mamidigoprofe en la bilbioteca de su aula hospitalaria

Silvia, ¿cómo has acabado siendo profe en un hospital?

Soy una maestra normal y corriente que he estado toda la vida en un cole tradicional de Madrid. De repente, mi vida dio un giro y acabé en un aula hospitalaria, pero soy una profe como otra cualquiera. Por suerte, las comunidades autónomas nos ofrecen esa opción a los maestros: movernos un poco dentro del ámbito de la educación, explorando vías como las aulas penitenciarias, la enseñanza para adultos o esta en hospitales.

A mí me apasiona el mundo educativo, y además he sido siempre una persona muy inquieta. Después de 16 años en un cole, necesitaba seguir explorando. ¡Y aquí estoy!

¿Y cómo es este trabajo? ¿Cómo es el día a día de un aula hospitalaria?

Para empezar, a mí lo que más me ha sorprendido es esa fusión de la educación con el mundo sanitario. Aunque profes y sanitarios tenemos nuestra propia parcela, sí que nos preguntamos mucho los unos a los otros por los pacientes: yo necesito información médica de los niños que van a venir, y sus pediatras quieren saber cómo ha estado ese paciente en aula. Y es que aquí dentro vemos comportamientos que desde la habitación no se ven. Es un entorno especial, en el que se sienten más libres, sin la presencia constante de la familia.

Cuando yo llego al hospital por la mañana veo si hay nuevos pacientes ingresados, y voy a verles. Yo entro en su habitación con mi bata, les tengo que aclarar enseguida que no soy sanitaria ni vengo a hacerles la enésima prueba del día, y cuando se lo digo siempre les cambia la cara. ¡Aunque no siempre a mejor! Hay algunos que dicen: “no me libro del colegio ni estando en el hospital”.

Es importante explicarle a las familias que esto es un cole, igual que el que tienen fuera. Aquí trabajamos contenidos curriculares, pero de una forma lúdica, respetando sus ritmos y priorizando siempre la salud. La característica principal es esa: aquí todo está adaptado a las posibilidades del niño cada día. Por eso, cada mañana nos toca improvisar en base a qué niños tengamos, qué nivel educativo tengan, a qué altura del curso estén, si tienen alguna necesidad especial…

Vega, paciente de leucemia infantil, con personal de su hospital

¿Os podéis coordinar con sus centros educativos, para saber por dónde van y que mantengan el ritmo?

En las etapas de infantil y primaria no se suele dar porque al final son etapas mucho más flexibles y los contenidos son sota, caballo y rey.

En secundaria sí que es súper importante esa coordinación porque ya tienen los exámenes, la EVAU… Los institutos sí que mandan mucha información, nos solemos coordinar con ellos a partir del cuarto día de ingreso. A veces nos toca transmitirles que los niños en el hospital, aunque intenten mantener el ritmo, no dejan de estar ingresados y en un momento complicado. Muchas veces es imposible hacer todo lo que mandan sus profes, con la mejor intención, porque están flojitos.

Pero entendemos que en el aula del hospital, además de deberes, hay muchas vivencias y emociones, ¿no?

Sin duda. La parte curricular es muy importante, pero no es la única. Lo que necesitan estos niños y adolescentes es tener ese rato de salir de la habitación, se puede hacer eterno estar en un cuarto de hospital tantísimo tiempo. El personal es un encanto, los espacios están personalizados para ellos, pero no deja de ser un mismo sitio durante muchos días. Por eso es tan importante para ellos salir y desconectar.

El aula hospitalaria también les ayuda a sentir que su vida sigue siendo normal. Van al cole, aunque sea el cole del hospital, hacen sus sumas, sus manualidades de plástica… Durante ese rato viven una vida medio normal de niños, aunque sea con una bombona de oxígeno o una silla de ruedas.

Alejandra paseando por el hospital durante su tratamiento

¿Qué vínculo se genera con los pacientes y las familias?

Os cuento una anécdota de esta misma semana. Un niño de siete años, que le tenían que volver a sacar sangre para una prueba, tenía un bloqueo tremendo. No quería, por nada del mundo. Al final fue mi compañera del aula hospitalaria quien le acompañó para darle la mano mientras le sacaban sangre. En clase han generado una relación tan estrecha, entre sumas y restas, que se ha convertido en un apoyo fundamental para él aquí en el hospital.

También pasa con las familias. Yo he visto madres y padres que pasan días y noches sin salir del hospital. En el ratito que pasan sus hijos en el aula les decimos que se vayan a tomar un café, que desconecten, que se den una vuelta. Confían en que, durante esas horas, sus hijos están en buenas manos.

Y, con ese vínculo tan estrecho, ¿cómo lleváis las despedidas, cuando les dan el alta?

Pues es agridulce. Aquí conoces mucho la historia personal de los alumnos, no te quedas solo en la superficie si lee muy bien o si se le han atravesado las sumas con llevadas. Por eso, cuando le coges mucho cariño a un niño y le dan el alta, te da penita. Por supuesto, yo siempre les digo lo mismo: “me alegra un montón que te den el alta, ojalá no te vuelva a ver porque sería buena señal”.

Es muy bonito que, cuando vuelven al hospital para hacerse revisiones, nos visiten en el aula hospitalaria para darnos un abrazo. Eso es que se acuerdan de ti, que tienen un buen recuerdo de esa parte de su estancia en el hospital.

Desde fuera parece un trabajo precioso. ¿Cómo lo ven tus compañeros de fuera del hospital, los profes de otros coles?

Hay quien lo ve como un “caramelito”, que le encantaría probar esta experiencia. Aunque también hay muchos profes que te dicen: “yo no podría”, porque son muy sensibles. Yo también lo soy, pero precisamente por eso soy muy consciente de cuál es mi trabajo aquí y de lo que necesitan estos niños: nos necesitan ver fuertes, alegres, a su lado. Por eso este es un puesto muy particular, que quizás no es para todo el mundo.

Como profe, la diferencia fundamental que notamos con respecto a un cole “normal” es que ahí fuera muchos días me tenía que enfadar con el alumnado. Algunos están en una edad complicada, hay mucha presión con llegar a los contenidos… Sin embargo, aquí no me enfado nunca, siempre estamos sonriendo. Es una energía muy positiva.


Muchas de las vivencias que nos compartía Silvia nos recordaban a las que experimentan Belén y Javi cada día, como terapeutas de la Aceleradora Unoentrecienmil del Hospital La Paz. Allí las sumas y el análisis sintáctico se cambian por las carreras y los ejercicios de fuerza. Pero ambos son un espacio y momento de oxígeno en el hospital para los niños y adolescentes con cáncer.

Cien mil gracias, Silvia, por tu trabajo y tu testimonio. ¡Sigamos cuidando a estos pequeños!

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