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Cuando éramos pequeños, esta semana de junio llegaba como una promesa de felicidad: acababa el curso, los días eran más largos, jugábamos sin preocupaciones, nos probaban la ropa de verano para comprobar que no nos servía, que habíamos crecido… Las tardes se llenaban de ruido y de luz, de olor a azahar y a piscinas, de ese tiempo maravilloso que nos decía que teníamos toda la vida por delante.

El solsticio de verano, ese día que es el resorte para dejar atrás la primavera, acariciar los días largos y aprovechar toda la luz del sol, hasta muy tarde. Desde tiempos antiguos, esta fecha mágica invitaba a rituales para agradecer a la Madre Tierra que la luz era más poderosa que la oscuridad.

Y es que este tiempo de sol hace que nuestro cuerpo reciba toda la energía del universo, nos empuje a sentirlo y nos llene de alegría y esperanza. La luz del sol juega un papel fundamental en el cuerpo humano y mejora la sensación de felicidad.

Desde hace unos años, psicólogos y antropólogos anunciaron que, estadísticamente, el día 20 de junio es el día más feliz del año. Lo llamaron Yellow Day.

Hace bien poco, apenas nada, nuestra amiga Olga Pradells compartió con nosotros su Yellow Day, su día más feliz del año.

Hace dos años, Marc, su pequeño, era diagnosticado de leucemia infantil. Dos años de tratamiento y cambios vitales para toda la familia, de incertidumbres y miedos. Los mismos miedos que sufren las 300 familias que cada año viven la misma situación que Olga.

A través de sus redes sociales, hemos visto en Olga ese punto de esperanza que nos hace creer en los milagros, en los que lleva a cabo la ciencia a través de los investigadores que no dejan de estudiar para curar a todos los niños y niñas como Marc.

Y ese día más feliz, su Yellow Day, llegó hace un mes: Marc terminaba su tratamiento de quimioterapia, nos enseñaba su pelo rubio como el sol, y tocaba esa campana brillante y luminosa que pudimos oír a través de una imagen radiante como una ofrenda de esperanza.

Olga nos ha dejado asomarnos a su mundo a través de esa campana. Ese tañer es el sonido que, sumado a la luz del sol, nos indican que la vida sigue, se abre paso entre las tormentas de verano, y nos permite creer que todos nuestros niños y niñas tocarán su canción.

Brindemos, Olga, por tu felicidad, por esa luz que nos ilumina y nos impulsa a imaginar un futuro sin dolor, solo acompañado del sonido de una campana.

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