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A Concha, Jimena, Carlota, Cristina, Virginia, Elena, Alejandra, Claudia, Belén, Carmen, Sonia, Silke, Lorena, Raquel, Elena, Beatriz, Maribel, Inmaculada, Gema, Manuela, Sonia, Nuria, Rosa, Teresa, Karol, Marga, Maribel, Nora, Clara, Encar, América, Encarni, Pili, Pilar, Vicky, Olga, Abril, Rosa, Arlet, Mª Angeles, Raquel, Dayana, Estephany, Mariángel, Eva, Julia…

Todos estos, y muchos más, son nombres de algunas de las mujeres que conocemos en Unoentrecienmil. Ellas son pacientes de leucemia o cáncer infantil; y sus madres, sus hermanas, sus tías, sus abuelas.

Hoy, #8M, día de las mujeres, queremos acordarnos de todas ellas.

Las mujeres que acompañan a sus hijos e hijas en la enfermedad no cuestionan su belleza ni su valía, simplemente hacen lo que deben hacer, escuchando atentamente a un médico para intentar comprender qué significado tienen todas esas palabras que nunca antes había oído. Agarrándose fuerte a la mano del papá, acariciando una melena antes de que sea una cabeza lisa y suave. 


Las mujeres que sostienen fuerte la mano de sus hijos e hijas, porque la vida sigue y hay que mirarla de frente. Y porque nunca dejan de ver la perspectiva del mejor final posible, y así nos lo hacen saber.

Las mujeres que no son madres, pero son abuelas, hermanas y tías de esos niños y niñas. Todas esas mujeres que sostienen una red de cuidados, imperceptible a la vista, pero fuerte y potente para seguir soportando cada envite.

Todas esas mujeres luchan cada mañana contra el miedo y la angustia de saber si todo seguirá como anoche. Mujeres que no se acuerdan de cuándo alguien les consoló porque son ellas las que consuelan. Unas mujeres acostumbradas a cargar con el peso de su hijo, a sonreír a pesar de la mueca, a tragar rabia y diagnósticos. Mujeres que se preguntan dónde quedó la ilusión y rezan porque esto se acabe, algunas veces, y otras no, porque eso significará el final. Mujeres que prefieren besar a través de un cristal que no besar. Mujeres que convencen de la belleza de una cabeza sin pelo.

Las mujeres que conviven con el cáncer infantil son esas heroínas que no queremos ser.

Criar y compartir vida con un hijo o una hija supone proyectar esperanza en el futuro, en un mundo mejor. Convivir con el cáncer infantil es hacer un paréntesis en ese futuro, es poner un punto y aparte, es pulsar el botón de posponer.

Y en estas historias de mujeres que son Unoentrecienmil, nosotros, como fundación, nos reconocemos y nos rebelamos. Nos inspiran para entender la realidad que rodea un diagnóstico de cáncer infantil. Nos convierten en mejores, nos dan toda la fuerza y los argumentos para no rendirnos nunca, jamás. Y así será hasta que ningún niño, ninguna niña se quede por el camino de las estadísticas.

Así sea.

PD. Por supuesto, también hay papás, hermanos, abuelos y tíos que sostienen y acompañan. Pero hoy, amigos, dejamos que sean ellas las protagonistas del día de la mujer. Gracias a todos por construir junto a ellas el mejor equipo posible.

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