Close
Exit

Nos gustaría presentaros a Pilar, mamá de Julio y Pilar. Ella es guerrerona, divertida, guapa a rabiar, por dentro y por fuera. Gaditana viviendo en Sevilla, sus ojos hacen chispas de fuego cuando habla.

Pilar ha sufrido lo peor que le puede pasar a una madre: perder a un hijo.

Julio fue diagnosticado de una leucemia mieloide y estuvo en todos los protocolos que se pueden aplicar: quimio, trasplantes… Ingresos, altas, vuelta a ingresar, cuartelillos en casa para pintar, algún viaje, vuelta a ingresar.
Julio era un artista, con un carisma increíble, amigo de niños y de adultos, sevillista y graffitero. Graffitero de verdad, de los que ven una pared en blanco y la llenan de arte y colores. 
Hace dos años, Julio protagonizó una campaña para Unoentrecienmil. De ahí salió una etiqueta que nos hace vibrar: #Fuckleucemia. Eso es lo que Julio le decía a la leucemia, eso es lo que muchas veces decimos nosotros, aunque sepamos que no hay que ser malhablados. Pero los adolescentes a veces tenemos que soltar estas cosas para encontrar nuestro lugar en el mundo.

En septiembre de 2019 Julio se marchó, diciéndole a Pilar #nollores y dejando sus dibujos en el escritorio. Ese momento tan horrible, con una hondura tan profunda que conmovió a miles de personas en redes sociales, nos hizo ponernos en el lugar de esa madre, sin poder llegar ni a sentir la mitad de dolor que ella.

Pilar ha gritado, ha llorado, ha clamado al cielo y a la tierra. Aprieta los dientes y sigue, porque la vida siempre sigue, a pesar de la ausencia. A veces a la fuerza, para ella y su familia.

Julio vive eternamente en su casa, en su latido de madre. Dejó un legado lleno de esperanza, de sonrisas y arte, de colores bellos con los que pintar paredes vacías para llenarlas de luz y de esperanza.

Pilar es testigo de ese legado, el que la conectó con miles de personas de todas las edades que conocían a Julio. Los que hablaban con él conversaciones profundas a pesar de la diferencia de edad. Los que compartían afición, que llenaron las redes sociales y los muros de homenajes a Julio. Los sanitarios que le atendían. Los que llevaban las bufandas del Sevilla, porque ni en el fútbol ni en nada, dicen que nunca se rinde. Con el periodista Valentín García, que le dedicó, meses antes de su propio fallecimiento, una columna emocionante.

Pilar, la de los ojos chispeantes, no olvida nunca su dolor. Cada día, en cada mirada de su hija pequeña le ve, en cada recuerdo de su casa y en cada muro pintado.

Lo poderoso de esta historia es descubrir, sin chasquidos ni bengalas, cómo a través de esas chispas de Pilar se ha prendido una luz que nunca, jamás en la vida entera se podrá apagar.

Es la luz que encienden las mechas de amor más puro, ese que sentimos no solo por los nuestros, sino el que trasciende y convierte la vida de las personas en esperanza, esa luz que hace mejores a los que alumbra. La luz milagrosa del que nos devuelve la fe en que aún es posible encontrar la belleza en la fuerza de las cosas pequeñas.

Pilar hizo posible una donación de más de 10.000 euros al Hospital Virgen del Rocío para su Planta 0, con la Asociación Andex. Ella, como otros padres y madres de enfermos de leucemia, sabe bien qué necesitan los adolescentes que pasan meses hospitalizados.

Consiguió reunir a varios tatuadores para hacer un evento solidario. Ellos dejaron huella en la piel de miles de personas de Sevilla.

También vino con su hija a Unoentrecienmil para hacer entrega de una donación, fruto de las camisetas que han hecho con el último dibujo de Julio.

Ellas nos  regalaron la oportunidad de abrazarnos y llorar, pero también de admirar a esta familia que sigue ayudando a investigar la cura de la leucemia infantil.

Porque no hay amor más grande que la fuerza de una madre, que continúa el legado de su hijo para ayudar a curar a otros hijos.


Siempre #Fuckleucemia, Pili

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Go top