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(Efectos secundarios de la leucemia infantil)

Querida Estephany,

Hace ya casi cinco años que nos conocimos. Fue muy impactante verte la primera vez con esa sonrisa linda, tu piel morena y luminosa, y los ojos que brillaban, ávidos de encontrar respuestas. Tú, Estephany, nunca has dejado de iluminar con tu presencia cada momento vivido juntas.

Eras un poco más peque que ahora, claro, porque ya te has convertido en una adolescente genial. Me daba mucha risa verte pendiente de tu hermana pequeña, como si fueras una mamá.

Mariángel, Dayana y Estephany

También recuerdo la dulzura y el cariño de tu madre, Dayana. Y esa conversación preciosa que mantuvimos y que me conmovió profundamente.

Supongo que ella ya te habrá contado que llegaste muy pequeña a España. Con 9 añitos tu madre hizo la maleta y te trajo para curarte. Con todo su coraje y su fe, sabiendo que ibas a sobrevivir. Una mamá muy valiente, con una bebé recién nacida y una hija, tú, diagnosticada con una leucemia. Sin prácticamente nada, ningún salvavidas al que agarrarse más que la esperanza de conseguir un milagro. Qué fortaleza, querida Estephany.

Te atendieron en el Hospital de la Paz. Te sometiste a los ciclos de quimioterapia que son habituales, esos que te producían nauseas, pupitas en la boca, diarrea… cuando se te cayó el pelo tuviste que ponerte un pañuelo. Qué guapa estabas, igualmente, qué belleza lucías a pesar de las dificultades que sostenía tu cuerpo infantil.

Todo ese esfuerzo para que finalmente te hicieran un trasplante que te salvó. De nuevo tu mamá, Dayana, te dio la vida, pues ella fue tu donante de médula ósea. Y de nuevo te regaló todo el tiempo que necesitabas para seguir viviendo, el que nos sigues regalando cada día, cada hora, cada minuto, con tu sonrisa radiante.

Y mientras, un virus aprovechó la inmunosupresión y te causó muchos problemas en tu cerebro, que aún hoy arrastras con la entereza, la valentía y la dulzura que te caracterizan.

Me alegró mucho saber que por fin volvías al cole, que de nuevo podrías estar con otros niños y niñas. Probarte el uniforme, ir contenta a aprender y formarte para ese futuro que tu madre vio con la claridad con la que se descubren los mejores momentos de la vida.

Te vimos corriendo en carreras solidarias, en vídeos, cantando y celebrando cada momento bonito que la vida te presenta. Y qué maravilla ha sido verte crecer así, Estephany, hasta convertirte en la promesa de que serás una mujer valiente y poderosa.

Admiro a tu madre muchísimo, porque es la viva imagen de la honestidad y el valor. Luchadora, constante, peleona y amorosa. Todas las veces que he hablado con ella, interesándome por ti y por vuestra situación, ha sido un ejemplo de arrojo y fuerza. Nunca la he visto caer. Alguna vez la he notado más desanimada al principio de la conversación, pero hablar y contarme parecía que era su propio motor para saber que no se debe tirar nunca jamás la toalla. Eso las madres lo saben. La tuya más que nadie.

Estephany, quiero darte la gracias por todo lo que nos regalas. Tus fotos en el columpio, tu presencia en nuestras campañas, las fotos con bata blanca, las sonrisas que quedarán para siempre en las fotos. Y esas dos frases simples, sin aparente complicación, pero que significaron tanto hace unos años, ante Penélope Cruz, el Dr. Antonio Pérez y al menos una veintena de periodistas:

Nos dejaste sin palabras, quizá porque era la primera vez que conocíamos a una niña tan valiente y tan fuerte.

  • Quiero dirigirme a todos los niños que están malitos ahora con leucemia. A ellos les quiero decir que no tengan miedo.
Estephany en la entrega de la V Beca de Investigación Unoentrecienmil

Ahora sé que pasas por momentos difíciles; a veces sucede con los niños y niñas que han sufrido tanto. Y que tienes menos ganas de sonreír, y que todo a veces se hace cuesta arriba. Por eso quiero decirte que eres una amiga estupenda, y las amigas siempre son y serán patrimonio de vida y futuro.

Eres el resultado de la fuerza del amor más grande. Y eso, querida Estephany, es una lección de vida para todos.

PD. Para todos los lectores de este post: quizá ha sido uno de los más difíciles a los que nos hemos enfrentado. Los peques supervivientes de leucemia tienen graves efectos secundarios que pueden arrastrar toda la vida; este es uno de los temas que más nos duelen. Los queremos sanos, felices, curados… A ellos y a sus familias. Por eso luchamos cada día para encontrar la curación plena de la leucemia infantil.

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