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Hace dos años, impulsados por la energía contagiosa de Cristina Mitre, nos marcamos el reto de financiar una línea de investigación que analizara el impacto de practicar deporte en la curación de un proceso oncológico. El objetivo era recaudar 63.000€ para lanzar la I Beca de Investigación Mujeres Que Corren Unoentrecienmil cuyo objetivo, en palabras de Alejandro Lucía, reputado científico ganador del Premio Nacional de Investigación de Medicina del Deporte 2016, era “realizar el mejor estudio integrador de cáncer infantil demostrando que el ejercicio mejora el sistema inmune”.

Aquel inicio a la carrera con #ABostonConMitre tuvo continuidad con #Objetivo52 para terminar de recaudar los fondos necesarios en una plataforma de crowdfunding y poner en marcha la línea de investigación en el Hospital Niño Jesús con un auténtico equipazo de investigadores.

Aquellos primeros pasos han dado sus frutos y nos emociona comprobar con Carmen Fiuza, co-IP del proyecto, y Alejandro Lucía que los resultados ya son tangibles y hay una clara evidencia positiva en esta línea de investigación.

El objetivo marcado era determinar los efectos del ejercicio físico intrahospitalario supervisado sobre variables clínicas en niños con cáncer durante el tratamiento: 169 niños diagnosticados participaron en un programa aeróbico y de fuerza siendo las variables primarias de estudio la supervivencia, riesgo de recaída o metástasis y días de hospitalización mientras que las secundarias fueron función cardiovascular, antropometría y variables sanguíneas. 

No se observaron eventos adversos asociados al programa de ejercicio físico, la duración de hospitalización fue menor (cerca de un 17% -con el ahorro económico que supone-) y aquellos peques que no participaron vieron como la función del ventrículo izquierdo empeoraba. Es decir, este programa de ejercicio físico intrahospitalario supervisado es seguro y desempeña un importante rol cardioprotector en niños con cáncer durante el tratamiento, reduciendo además el tiempo y los costes de hospitalización. 

Sin duda, una evidencia más que apoya la teoría inicial que apoyaba el lanzamiento de esta nueva línea de investigación: la necesidad de incorporar el ejercicio físico como terapia coadyuvante en el tratamiento integral del cáncer infantil.

Una noticia que nos llena de alegría e ilusión y nos da fuerzas para seguir impulsando proyectos de investigación para lograr que más y más peques diagnosticados se curen, superen esta terrible enfermedad y lo hagan en las mejores condiciones.

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