Confianza

Hoy una gran amiga, María me ha enviado las últimas cuatro estrofas de éste precioso poema de Pedro Salinas y me ha emocionado un montón. Quería compartirlo con vosotros.

Confianza

Mientras haya
alguna ventana abierta,
ojos que vuelven del sueño,
otra mañana que empieza.

Mar con olas trajineras
—mientras haya—
trajinantes de alegrías,
llevándolas y trayéndolas.

Lino para la hilandera,
árboles que se aventuren,
—mientras haya—
y viento para la vela.

Jazmín, clavel, azucena,
donde están, y donde no
en los nombres que los mientan.

Mientras haya
sombras que la sombra niegan,
pruebas de luz, de que es luz
todo el mundo, menos ellas.

Agua como se la quiera
—mientras haya—
voluble por el arroyo,
fidelísima en la alberca.

Tanta fronda en la sauceda,
tanto pajaro en las ramas
—mientras haya—
tanto canto en la oropéndola.

Un mediodía que acepta
serenamente su sino
que la tarde le revela.

Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.

Colores que a sus ausencias
—mientras haya—
siguiendo a la luz se marchan
y siguiéndola regresan.

Diosas que pasan ligeras
pero se dejan un alma
—mientras haya—
señaladas con sus huellas.

Memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.

Mientras haya
trasluces en la tiniebla,
claridades en secreto,
noches que lo son apenas.

Susurros de estrella a estrella
—mientras haya—
Casiopea que pregunta
y Cisne que la contesta.

Tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando
—mientras haya—
amanecer de poema.

Mientras haya
lo que hubo ayer, lo que hay hoy,
lo que venga.

Pedro Salinas

Gracias a todos los que nos rellenáis todos los días el depósito de confianza.

¿A qué sabe la luna?

Supongo que muchos conoceréis este título. Se trata de un libro infantil de Michael Grejniec en el que un grupo de animales quieren saber a qué sabe la luna y uno trata de llegar a ella pero no puede, y se acerca otro que se sube encima y no llega, y se acerca otro, pero la luna se aleja, y se acerca otro y otro y otro… y después de ponerse uno encima del otro, finalmente el ratoncito llega a la luna, prueba un trozo y se lo da a los animales y al final la luna les sabe a aquello que a cada uno más les gusta.

La editorial Kalandraka, me mandó un mail hace días, debido a la foto del blog que salía publicada en la entrevista del XL Semanal, en el que nos proponian acercarnos a la Feria del Libro para aprovechar que el autor estaba allí y regalarnos un ejemplar dedicado.

Así que allí fuimos el Domingo, a recoger ese gran regalo en forma de libro tan especial.

Sin duda Guzmán llegará a probar su luna que, según él, sabe a melón y sandía, y seguro que la compartirá con todos vosotros, que estáis uno encima del otro, debajo de él, apoyándole, sujetándole, para que cuando llegue a ese día, sólo se estire y la llegue a coger. Y ese día, todos vamos a saber a qué sabe la luna.

Gracias a todos, a los que estáis ahí, a los que hoy subís el 6º escalón de San Fermín pidiendo por Guzmán y a los que sencillamente os acordáis con amor de nosotros, y también a Kalandraka, ya no sólo por el detalle, sino por cuidar con tanto cariño y detalle cada letra impresa de lo que hacéis.

Guzmán Starman

Guzmán está arriba de defensas, muy arriba: 2400 neutrofilos. Y eso ha hecho que ayer le pudieran poner todo el bacalao: triple intratecal, asparraginasa y vincristina. Esta semana nos toca darle corticoides a diario, a ver si los lleva bien.

Seguimos con nuestro Starman a tope.

Quesos y besos

El otro día cenando, Eva le dice a Guzmán:

– ¿Quieres queso?
– Sí.

Así que Eva le corta con el pelador de patata una lonchita finita y Guzmán se la come con gusto.
Pasado un rato mientras Eva ya había recogido media mesa, Guzmán le dice:

– Mamá, quiero más queso.

Y con el pelador ya en el lavavajillas, Eva le cortó un taquito y se lo dio. Guzmán le contestó quejándose lastimosamente como toda la semana por el efecto del corticoide

– Ayyyy mamá así no, como antes.

Y Eva le contesta:

– Guzmán, te gusta el queso como a tu padre.

Y debiendo entender que de una marca se trataba, Guzmán la espetó:

– Si mamá pod favod, dámelo “Comoatupadre”

Pues nada, llamaremos a los señores de Camporreal para que hagan una línea ultrafina y la denominen “Camporreal. Comoatupadre.”

Hemos pasado una semana con Guzmán a tope a pesar de leves efectos el corticoide en el carácter y de mi aislamiento familiar debido a mi trancazo por el que me quedaban pocas fuerzas para actualizar el blog. Suerte que sus defensas estaban fuertes y no le he pegado nada. Hoy nos han corroborado esto último y nos han vuelto a poner el Metotrexato y la Mercaptopurina diaria.

Le tendríais que ver, está para comérselo a besos.

Reset

Una de las cosas que les pasa a los niños con leucemia cuando superan la fase de tratamiento con quimio, es que resulta que su cuerpo queda “reseteado” de toda la información de vacunas que se les puso en el pasado. Con lo que hay que volver a ponerles todas las vacunas de nuevo. Curioso, ¿verdad?.

Resetear quiere decir volver a la programación inicial, como era en un origen, antes de que, debido a cualquier motivo, lo perdieras o se estropease por el camino.
Tengo la sensación, o quizás sea más bien el deseo, de que este proceso nos está reseteando un poco a los que estamos alrededor de nuestro ángel.

Y tal y como escribió hace unos meses Manuel Vicent en El País, todos deberíamos resetear el sistema de vez en cuando.

Volando voy

Ayer estuvimos en el médico para la analítica de los martes. 1400 neutrófilos, es decir las defensas un poco bajas. Con lo cual le ha bajado un poco la dosis de quimio que le damos en casa.
Pero aun así nos vamos a ir 4 días a “DÁI” como dice Guzmán, a “CÁI”, como diría mi idolatrado Kiko Veneno. Bufff… Todavía no me lo creo, nuestra primera salida después de estos 7 meses.

Os dejo una de mis canciones favoritas de siempre. A ver si de la emoción no se me ponen “los ojos brillantitos, con tres botellas de coca-cola de vino de Chiclana”

Así que como un día escribió el también… “…por el camino, yo me entretengo”

Vente pa´madrid

Ya hemos vuelto de Cádiz. Playita con Levante todos los días. Hotel con Piscina de esos que cuando no eres padre piensas “¿yo ahí?, ni de coña” y que cuando lo eres no aceptas a reconocer cuánto te apetece tumbarte en una de esas hamacas para no hacer nada más que leer el periódico deportivo pa’delante y pa’trás. Excursión a la solanera de Conil para tomarnos un helado. Desayunos con tostadas, huevo frito, croissants y más croissants. Una comida en Los Caños con Guzmán dormido en brazos. Espectáculos nocturnos bilingües alemán español, español alemán. Muchas conchas con agujero en los bolsillos. Horas y horas en la piscina con una niña que no hace más que dar volteretas debajo mientras bucea y un niño con cinturón con una sonrisa de oreja a oreja mientras nada como si caminase dentro del agua. Una amiguita alemana llamada Katty a la que no se le entiende ni J. Varias y primeras partidas al Uno… Pero la estrella sin duda del viaje fueron las 4 horas de ida en tren con las vías, los cambios de vía, los trenes de mercancías a la salida de Atocha, cada Cercanías que nos cruzábamos en Sevilla, las estaciones antes de llegar a Cádiz y, de nuevo, el gran viaje de 4 horas de vuelta con ese “pedazo” de documental sobre el tren que une Lima y Huancayo, el más alto del mundo.