Esto también pasará

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No están siendo unos días fáciles. Más bien, están siendo las semanas más duras de este largo y hasta ahora corto camino. Es fácil ser fuerte cuando tu hijo lo es más que tú. Es duro ser fuerte cuando la debilidad embarga el ambiente.
Y es que los estados de ánimo, cuando son de tristeza y a la vez de debilidad, son complicados de gestionar. ¿De qué se trata? ¿de luchar contra ello, de ser más fuerte, de embriagar tú en lugar de dejarte embriagar? ¿O de dejarlo estar, asumirlo en cierta medida y acompañar esa decisión con plena consciencia de que es algo transitorio?
Yo personalmente, y confío que no sea haber hincado las rodillas, después de esta semana elijo voluntariamente el segundo.
Mientras tanto, mientras duermen, mientras mi alma, mi íntima compañera, baja a acompañarme durante un instante, entorno los ojos sobre las letras del ordenador apareciendo y visualizo a ritmo del Vals de Amélie a Guzmán corriendo con su bici y riendo, a Martina con esa sonrisa de sentirse la niña más especial del planeta y a Eva llorando de felicidad mientras ve todos sus esfuerzos recompensados.
Yo mientras ocurre todo eso, vuelvo a abrir el anillo del rey y a leer su mensaje.
(Este cuento lo publicó Paloma hace unos días en uno de sus blogs familiares. Y desde entonces lo llevo escrito como un regalo dentro mío)
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
–        Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total…
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
–        No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino…
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”.
Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes… y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
–        Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
–        ¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
–       Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:

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–       Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

 

19 respuesta a “Esto también pasará”

  1. Ni de ser más fuerte ni de dejarlo estar. Se trata de estar ahí, de no volver la cara, de manteneros los cuatro juntos. Los cuatro, y todos los que os llevamos en el ánimo y en el corazón.
    Os queremos y os enviamos toda nuestra fuerza.
    E&P

  2. Pasará Jose, claro que pasará. Y os hará aún más fuertes. Hoy Miguel y yo os mandamos un abrazo más grande que nunca y mil millones de besos. Por aquí tapoco está siendo fácil pero sabemos que también pasará.

  3. José os he conocido hace unos días…y tu web me deja sin palabras, teneis una fuerza especial y transmites un amor incondicional, estoy segura que pasará mucho anímo y todo el apoyo de nuestra famiia.

  4. Hola, amigo.

    Te mando, como siempre, un abrazo enorme. Me gusta tanto el cuento que pese a ser, como dices, un incrédulo, me lo voy a aplicar de verdad. Me encanta. Y por supuesto, pasará. Es más, está pasando ya.

    Un día más, un día menos.

    Nunca se como escribirte aquí. Os quiero mucho y os siento en mi corazón muchísimo. Dales un beso a todos, y a Eva dos.

  5. Pasará.
    ¿Qué necesitamos? ¿Más Reiki? Pues eso está hecho 🙂

    Jose, te puedo decir que en esto hay mil baches, pero Guz es un campeón, todos lo sois. Ya queda menos y estoy deseando disfrutar ese momento.

    Un abracito.

  6. Excelente cuento y excelente enseñanza. Pero más excelente es este blog y su principal protagonista, Guzmán. Os escribo desde Panamá, y aqui también los viernes nos acordamos de vosotros, bueno, nos acordamos todos los días.
    Muchos besos!!

  7. Mil besos compañero, precioso lo que nos cuentas. Os mando un trocito de energía desde Asia. Cuando sean grandes los niños, regalarles unas mochila y que se vengan a conocer esta gente y estos países. Guardaré mis notas para recomendarles sitios 😉

  8. Ya queda menos para que pase, sabéis que pasará, pero entiendo perfectamente lo que tiene que ser ver a Guzmán triste y alicaido.
    Cuidaros mucho y sed fuertes en estos días tan difíciles y cuando las fuerzas flaqueen leed ese cuento tan precioso que os han dedicado.
    Mucho animo

  9. ¡Mucho ánimo chicos! Esto sólo es una piedra en el camino, pero por supuesto que esto también pasará, y veremos a Guzmán riendo, sano y fuerte. Yo no creo que haya nada de malo en hincar las rodillas, para eso estamos todos los demás, para daros la mano y ayudaros a levantaros las veces que hagan falta. Lo estáis haciendo muy bien. ¡Besos!

    Por cierto, me ha encantado el cuento… felicidades a la autora.

  10. "Esto también pasará", qué más se puede añadir a un cuento tan sabio y tan delicioso. Ahora mismo busco mi anillo para guardarmelo yo también… por si algún día necesitáis que os lo digan desde fuera.

    pasarápasarápasarápasarápasarápasará

  11. Jose, soy una más que se une a todos los que te animan pero, ten por seguro, que pasará y te lo dice quien lo ha experimentado en primera persona y también en el de mi nieta, que ya sabes fue "una entre un millón" Un beso y uno muy especial a Guzmán

  12. Un día más un día menos.
    Cualquier cosa, cualquier momento… siempre estamos con vosotros.
    Ojala empiecen pronto las llamadas para el parque.
    Nuestro ejercito tiene que aguantar también la retaguardía.
    Visualizo a Guzmán envuelto en su manta azul riendose con Martina antes de dormir; es mucho mejor que contar ovejas
    Muchos abrazos energéticos.

  13. Mi hija nació antes de tiempo, durante su lucha por la superviviencia, el equipo del hospital siempre nos daba el mismo consejo: “armarse de paciencia y esperar con el paso de los días” Uff que difícil es eso, paciencia ante sucesos inciertos durante días, semanas y meses. Te repites una y otra vez PACIENCIA, aunque realmente no sabes muy bien que es eso, y menos en esta sociedad que nos ha tocado vivir. Para mí fue y es todo un reto aprender a tener paciencia. Me ayudo leer todos los días un póster que tenían en el hospital que decía: “El tiempo que pases conmigo no te fijes en los pitidos de las máquinas, ni en mis tubos, ni en el color pálido de mi piel, fíjate solo en mi, dame tu calor, tu amor pero sin cansarme ni forzarme, mi descanso es importante”. Aprendimos que ellos marcan su ritmo, que su descanso es muy importante y que lo necesitan para recuperar fuerzas y energía. Mucha paciencia para vosotros y muchísima energía para Guzmán.

    Bea & Manu_

  14. preciosa historia. Soy moderadora de un foro para papás que hemos perdido bebés y la subí para compartirla con todas las usuarias, a nosotras también nos va a venir bien leer esa frase en los días especialmente dolorosos.
    Gracias papá de Guzman!! He puesto tu blog como fuente del texto.

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