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Los que conocemos la Fundación Unoentrecienmil desde sus inicios, sabemos de lo que hablamos cuando mencionamos el poder de la gente.

Entonces asistíamos atónitos al nacimiento de un potente movimiento de vida y esperanza impulsado por gente bonita, con ganas, empuje y un gran convencimiento de hacer posible lo imposible: la cura total de la leucemia infantil.

Hoy, cinco años después, tenemos cuatro equipos de investigación trabajando gracias a las becas entregadas y un investigador en Seattle con la primera beca de destino. Cuatro años después tenemos más de 2.000 socios que creen en la posibilidad de cambiar la esperanza de vida de los niños afectados por leucemia. Y proyectos ilusionantes y transformadores, como La Vuelta al Cole contra la leucemia infantil.

Este proyecto no podría salir adelante con los objetivos que nos hemos marcado sin toda la gente que nos ayuda.

Y es que hay gente que nos llama y ofrece su tiempo, su teléfono, su talento, su coche… Gente preciosa que nos escribe para contarnos que está a punto de convencer al director del colegio de sus hijas, a la junta directiva de su Ampa, a su sobrino, que es maestro de educación física. Son nuestros voluntarios, altavoces de la esperanza.

Leo esos mensajes con una sonrisa, y algo se me despierta desde lo más hondo. Es una chispa que enciende la mecha, imparable como la pólvora en las pelis de acción. Y entonces me acuerdo de esos sentimientos que todos hemos tenido alguna vez, momentos vibrantes y eléctricos que experimentas cuando te enamoras, una fiesta que dura hasta el amanecer, el nacimiento de un hijo, el roce de una mano, el calor de un abrazo deseado.

Hay mucha gente bella que nos ayuda en nuestro día a día y nosotros aceptamos ese regalo como parte del futuro en el que creemos.

Estamos ante un reto significativo para la Fundación: Crear la primera beca de investigación sostenida con fondos aportados por niños y niñas que corren en La Vuelta al Cole. Una beca importante, quizá la más importante, porque implica el esfuerzo de gente menuda que empatiza con nuestros pelones. Compañeros de clase o de su equipo, amigos, vecinos, primos, hermanos… Otros niños como ellos que no podrán correr en el recreo si no encontramos la cura para la leucemia infantil.

Esta entrada está concebida y pensada desde el corazón, para agradecer a todos los voluntarios y voluntarias que nos están ayudando a llegar a todos esos colegios que serán, sin duda, capaces de conseguir poner en marcha la I Beca de Investigación de Vuelta al Cole.

Y ojalá, en un corto espacio de tiempo, también consigamos que todos los niños y niñas afectados por la leucemia infantil puedan correr con sus amigos.

Porque como sabemos, la leucemia es un rival demasiado fuerte para uno solo, pero no para cien mil. Y en eso estamos: ¡a por los 150 colegios!

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