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Cuenta la mitología griega que el olivo fue un regalo de la diosa Sabiduría a la humanidad en señal de paz y prosperidad.

Este árbol, que puede llegar a ser centenario, aguanta la dureza del invierno y los rigores del verano.  Recibe golpes cuando se recoge su fruto al varear. Resiste las sequías y soporta el dolor de quienes trabajan su tierra, que se abrazan a la aceituna sabiendo que será su pan y su gloria.

El olivo y su naturaleza nos hablan, desde las entrañas de la tierra y sus raíces, de generosidad y resistencia, de devolver con gratitud un fruto dorado como respuesta a la adversidad. 

La familia de Nuria se parece mucho a lo que significa el olivo.

Nuria llegó al mar de olivos de la Subbética cordobesa hace ya algunos años. Allí desarrolló su vida profesional y fundó, junto a Javi, su familia. En Carcabuey tenían su hogar, junto a sus hijos, Rosa y Alejandro.

Carcabuey es una pequeña población que, como tantas otras en España, sufre carencias de asistencia médica. Allí reciben la visita del pediatra una vez a la semana.

Alejandro tenía 11 meses y una fiebre persistente, que Javi insistía en consultar a su pediatra semana tras semana. Será una infección, será algo vírico. Semana tras semana, escuchaban sin entender qué era esa fiebre que dejaba a Alejandro sin su alegría de siempre.
En una de estas visitas, el enfermero que llegó para poner las vacunas que le tocaban al niño le recomendó a Javi que le llevara al hospital. Y así fue cómo llegó la noticia que nadie quería oír: Alejandro tenía leucemia. Y el enfermero que lo sospechó lo intuía porque había visto a decenas de niños en su trabajo anterior, en el Hospital Niño Jesús.

La mala noticia dejó a esos padres sin aliento. Javi y Nuria, inmóviles durante 48 horas. Las que tardaron en asimilar lo que venía. Porque pasados esos dos días de conmoción, decidieron levantarse, como se levanta la rama del olivo después de varearla, y tomar el camino de la vida y de la esperanza.

Alejandro ahora tiene cuatro años. En este tiempo, han pasado por el tratamiento que está curándole de una leucemia linfoblástica aguda. Esta enfermedad que afecta a los peques, pero que redunda en la familia. En Javi, que dejó todo para cuidar a su hijo de lunes a viernes en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. En Nuria, que pasaba los fines de semana con Alejandro. En Rosa, que vivía la ausencia del hermano y de alguno de sus padres.

Ellos tardaron 48 horas en ponerse en pie. Ellos fueron los que dieron la noticia a su familia, a sus vecinos y amigos, y también ellos fueron los que consolaron y decidieron que no era momento de lamentarse, sino de tener presente la esperanza de la curación de Alejandro cada día de su vida, para que cada día del tratamiento tuviera un sentido.

Es curioso cómo la historia de Nuria nos sorprende porque es el ejemplo de que todo pasa para algo, y cómo se entrelazan las vidas de las personas que nos rodean.

Como la de Rafael y Chari, dos socios de la cooperativa donde trabaja Nuria, que les cedieron una vivienda más adecuada durante la enfermedad Alejandro. Ellos, que no tienen hijos, cuentan con alegría que la vida les regaló una familia, la de Nuria, y la posibilidad de vivir la felicidad de tener como nietos a Rosa y Alejandro.

Ese mismo año, unos días después del diagnóstico de Alejandro, tocó la lotería de la Almazara y donaron el premio para que Juegaterapia pusiera una kiciclo en el Reina Sofía.

Y es que en una población relativamente pequeña, un caso como el de Alejandro influye en todos, les hace sentir parte de esta historia, y todo el mundo se vuelca en ayudar.  Y por ese motivo, la junta directiva de la cooperativa donde trabaja Nuria no dudó ni un segundo en apoyar su proyecto para curar la leucemia infantil: Botellas con Alma.

BOTELLA CON ALMA.

En los procesos de embotellado, siempre hay botellas con alguna alteración de fabricación que no se pueden sacar a la venta. Nuria reutiliza esas botellas, etiquetándolas con unas cartulinas bajo el certificado FSC (en este caso, por cada árbol que se tala para hacer papel, se deben plantar tres).

Nuria lleva las cartulinas a los coles de Priego, Carcabuey y toda la comarca, y los niños y niñas son los diseñadores exclusivos de las etiquetas de Botellas con Alma. Pequeños artistas que dibujan el aceite, el olivar, la familia, y que acuden a los coles que participan en La Vuelta al Cole contra la Leucemia Infantil.

Botellas con Alma parte de una botella deliciosamente imperfecta que contiene el aceite de la Almazara de las Subbéticas, cuya etiqueta es única y que conforma un proyecto redondo que tiene todos los valores que deseamos para el futuro: cooperación, empatía, sostenibilidad y apoyo mutuo.

Escuchar a Nuria contar su historia familiar y su proyecto, Botellas con Alma, es vibrar con una aventura de superación familiar, de fuerza, impulso y pasión. De humildad, de cariño, de la ternura de un pueblo.

No somos conscientes de cómo nuestros actos impactan en las personas que nos rodean. Nuria impulsa, su entorno responde. Y ese impacto genera energía positiva, beneficios para la economía y el medio ambiente, sensibilización con una enfermedad infantil terrible, apoyo a la financiación de proyectos de investigación, poner en valor la creatividad de los niños que diseñan la etiqueta, y de sus profes que lo defienden.

Nuestras acciones, nuestras pequeñas y cotidianas decisiones impactan en la gente y en la tierra.

Como Nuria.

Como el olivo, símbolo de paz, de prosperidad y sabiduría. Y de la victoria.

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