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Año 2020. El porcentaje de mujeres que cursan carreras científicas o tecnológicas es de un 28%. El crecimiento del número de mujeres que se forman en ciencia es un éxito sordo, que crece muy poco a poco. Hace 3 años, por ejemplo, era un 22%.

Y, si el número mayoritario de estudiantes universitarios son mujeres, ¿por qué hay tan poca vocación científica entre ellas? ¿qué pasará cuando, en un futuro próximo, se necesite un mayor número de personas formadas en estas especialidades?

La respuesta no nos gusta: se abrirá aún más la brecha de género que podemos contemplar desde su adolescencia, y por tanto, las mujeres tendrían menos posibilidades de acceder a esos trabajos relacionados con la ciencia y la tecnología que serán, por inercia, los más necesarios en el siglo XXI.

Sin embargo, desde nuestra perspectiva Unoentrecienmil , queremos dar voz a nuestras propias estadísticas:

  • Hace cinco años, el 80% de los candidatos a las Becas de Investigación de Unoentrecienmil eran hombres.
  • Hace tres, en 2018, observábamos atónitos cómo las candidaturas alcanzaban la paridad: 6 hombres, 6 mujeres.
  • Un año después, las mujeres ocuparon un 60% de las candidaturas.
  • El año pasado, hubo 10 mujeres candidatas de un total de 12. Un 85%, lejano ya al inicial 20% con el que empezábamos.

Es decir, en el transcurso de los últimos cinco años, las estadísticas han dado la vuelta, poniendo en relieve el talento y capacidad de la mujer en la ciencia. Quizá esta estadística sea considerada un sesgo muy condicionado, pero es nuestro análisis, el que nosotros observamos y defendemos con orgullo.

En 2017, la Revista Science publicó un estudio sobre los estereotipos en los niños y niñas y cómo afectan a su futuro intelectual y profesional.  Ese estereotipo debe ser modificado a través de la educación, puesto que, de no ser así, correremos el riesgo de perder el talento de miles de mujeres que son capaces de dedicar su vida a la ciencia y a la investigación. Aunque ellas no lo sepan.

Puede que esto tenga que ver con un cambio en el paradigma social, donde ya se deja ver que la ciencia no tiene por qué estar masculinizada, fruto de años de invisibilización de las mujeres en la ciencia. Lo que se conoce como el “Efecto Matilda”: la falta de referentes femeninos silenciados en beneficio de sus compañeros.  La iniciativa #NomoreMatildas hace un estupendo trabajo de reinvindicación de la mujer en la ciencia y la tecnología.  

https://www.nomorematildas.com/

Otra inspiración motivadora que encontramos por nuestra relación con los coles a través de La Vuelta al Cole contra la leucemia infantil es el tremendo trabajo que hacen los centros para motivar a los niños y niñas a encontrar la fascinación por el mundo científico. Leemos sus publicaciones, donde explican cómo inventan actividades para promover la cultura científica y la investigación. Nos invitaban a explicar nuestra labor impulsora en investigación (cuando la Covid-19 aún no había llegado a nuestras vidas). Los profes saben que en sus pupitres hay niñas destinadas a cambiar el mundo de la ciencia.

Quién sabe si la mujer que reciba el premio Nobel de Medicina de 2035 sea la niña que hoy está preparando un examen de naturales.

Porque puede. Porque la sociedad cree en ella. Porque tenemos un compromiso con la igualdad. Porque tenemos que ser inspiración. Porque un poco de rebeldía nunca está de más.

Y así, queremos rendir homenaje a nuestras científicas, Ángeles Vicente, Carmen Fiuza, Mireia Camós, Marisa Toribio, Susana Rive.

Ellas un día fueron esas niñas que soñaron con cambiar el mundo.

Y hoy son, junto al resto de sus compañeros, nuestra gran esperanza para encontrar la cura de la leucemia infantil.

Feliz día de la mujer y la niña en la ciencia.

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