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Se cumplen seis meses del arranque de la I Beca de Destino en Centro de Excelencia Internacional y el investigador Manuel Ramírez Orellana nos cuenta cómo se está desarrollando todo en el el laboratorio del Dr. Michael Jensen en el Ben Towne Center for Childhood Cancer Research (BTCCCR) de Seattle. El objetivo fundamental de la estancia era conocer el programa de Ingeniería Avanzada de Linfocitos que está desarrollando para establecer un programa similar en la Unidad de Terapias Avanzadas del Hospital Universitario Niño Jesús y tras los tres primeros meses, Manuel se mostraba muy ilusionado y esperanzado con los frutos del proyecto que fue posible gracias a unos solidarios empleados. Volvemos a hablar con él y las noticias que nos transmite no pueden ser más esperanzadoras: “Esta experiencia nos permitirá contar con nuevas herramientas de tratamiento del cáncer infantil. Espero poder concretar la relación iniciada con mi estancia en Seattle con un primer ensayo clínico en niños españoles con leucemia, a iniciar en 2019”.

Manuel, son ya seis meses de estancia en Seattle. ¿Qué balance haces?

Muy positivo. Este programa al que me incorporé hace 6 meses contempla todos los aspectos necesarios para diseñar, desarrollar y probar los nuevos tratamientos de cáncer infantil basados en la ingeniería de los linfocitos T. Y todo ello dirigido y controlado por especialistas en oncología pediátrica, mi especialidad, con lo que la experiencia no puede ser más enriquecedora. 

Nos transmitiste mucha esperanza e ilusión en la entrevista tras tus tres primeros meses. 

He tenido la suerte de llegar a un sitio en el que han hecho una apuesta muy ambiciosa en este tema tan de vanguardia como es la inmunoterapia celular y génica contra el cáncer infantil. Para ellos se trataba primero de demostrar que era factible. Después que eran tratamientos seguros para los niños. Actualmente que son eficaces para sus enfermedades. Han empezado por niños con Leucemia Linfoblástica Aguda, pero su ambición es extenderlo a todo tipo de tumores. La capacidad que tienen aquí de concentrar recursos materiales y humanos para resolver las cuestiones que se van planteando en el menor tiempo y de la manera más definitiva posibles, incrementa mucho las posibilidades de éxito. Con esto no quiero decir que todo va a quedar resuelto en la Oncología Pediátrica. Pero desde luego esta experiencia nos permitirá contar con nuevas herramientas de tratamiento del cáncer infantil.  

¿Qué destacarías como principales activos/aprendizajes que has logrado en esta primera mitad de año en Seattle?

Me he centrado sobre todo en el laboratorio de investigación y en el de seguimiento de los pacientes que participan en los ensayos clínicos. Esto me ha permitido aprender multitud de estrategias experimentales que están evaluando para la fabricación de “CART cells” mejores que los que están actualmente en prueba en los niños. También me ha servido para entender qué cambios sucederán a medio plazo en el escalado clínico de los “CART cells”. Y muy importante, cómo se están comportando estas medicinas en los pacientes que las reciben, qué rendimiento están dando.       

Rebajando a un idioma no-científico… ¿eso significa?

Que tengo una idea muy realista sobre las posibilidades y limitaciones actuales de estos tratamientos contra el cáncer infantil, y de cómo se plantean hacerlos más eficaces en los próximos 5 años.  

¿Qué metas te marcas para esta segunda mitad de la estancia en Seattle?

Dentro del programa global voy a participar en las actividades del grupo clínico y del grupo de producción de medicamentos. El primero se encuentra en el Children’s Hospital de Seattle y es el responsable del desarrollo de los ensayos clínicos. Con ellos aprenderé el día a día de los niños que reciben estas nuevas medicinas, cómo se realiza el tratamiento, si tienen efectos adversos y cuáles, cómo es su estancia en el hospital, qué tipo de controles realizan sus médicos, cómo son las revisiones, etc. Con el grupo de producción aprenderé los protocolos que siguen en sus instalaciones para fabricar estos medicamentos para uso humano, que es diferente a la manera en que lo hacemos en el laboratorio de investigación. Estos protocolos son lo que luego usaremos en Madrid para convertirnos nosotros en un centro productor.

¿Cómo es trabajar, aprender, compartir y colaborar con este centro de primer nivel?

Es una experiencia muy estimulante. El hecho de poder financiarme la estancia gracias a la Fundación Unoentrecienmil  me permite acceder a todas las unidades funcionales del programa, algo imposible si trabajase con un contrato local, que me obligaría a focalizarme en una de ellas. Esto es fundamental para conseguir la visión de conjunto que venía buscando.  El día a día es un poco como una burbuja porque durante un año me puedo dedicar a aprender lo mejor de cada equipo sin apenas preocupaciones. El acceso que me permiten a la información que generan y han generado anteriormente es total, con lo cual siempre existen posibilidades de aprendizaje. El nivel profesional del personal que trabaja aquí es muy alto, como es lógico para un programa tan de vanguardia como éste. Siempre es un placer relacionarse con gente capaz e inteligente. Y además he tenido la suerte de encontrar un grupo humano de trato fácil y acogedor. Mucha culpa de ésto la tiene la forma de liderar el proyecto por parte de su director, el Dr. Michael Jensen. Es una persona capaz de descargar a su gente del estrés asociado a trabajar en un campo tan competitivo, y de hacerles partícipes de los objetivos ambiciosos que tiene su proyecto.   

Desde el principio del proyecto diste mucha importancia a la aplicabilidad a futuro en el Hospital Niño Jesús a tu regreso. ¿Sigue así? ¿Cómo son esos planes a futuro que puedas contarnos?

En el fondo esto es lo más importante de mi estancia, que seamos capaces de llevar estos tratamientos a España en el menor tiempo posible, y seguir en contacto con este centro para participar en desarrollos futuros.  Ya he empezado a explorar posibilidades, y trabajaré durante estos meses para comenzar a concretarlo. Espero poder concretar la relación iniciada con mi estancia en Seattle con un primer ensayo clínico en niños españoles con leucemia, a iniciar en 2019, y que nos sirva para empezar a trabajar conjuntamente con los mejores centros especialistas en cáncer infantil que van a desarrollar el campo de la inmunoterapia avanzada contra las enfermedades a las que nos dedicamos.

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