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Entrada escrita por Cristina Mitre.

Hasta diciembre de 2012, no sabía absolutamente nada de la leucemia infantil. De hecho, no conocía ningún caso. Pero un día, mi amiga Amaya me dijo: “Mitre, tengo una cosa para ti que te va a gustar. Un proyecto solidario para los que corréis”. Me metí en la web de Uno Entre Cien mil y eché un ojo. Desde el principio, la idea me entusiasmó. Podías hacer que tu entrenamiento diario fuese como una carrera luciendo uno de sus dorsales solidarios para la investigación de la leucemia infantil. Era muy sencillo.

Así que decidí que ese año participaría en la carrera de Paracuellos de Jarama ayudando a la causa. Ese primer dorsal era el número 1208 y, desde entonces, a todas las pruebas a las que he ido siempre he llevado en mi brazo un dorsal de Uno Entre Cien Mil (lo renuevo cada vez que corro una prueba o para cada quedada de Mujeres que Corren).

Cuando empecé a correr abanderando la leucemia infantil, no conocía a Jose, ni a Guzmán, no sabía absolutamente nada de sus vidas, no nos habíamos visto, ni tan siquiera habíamos hablado por teléfono o e-mail.

No conocía sus caras, ni su voces. Sólo había escuchado la cantarina risa de Guzmán a través de un vídeo que había colgado su padre en el blog. Me conmovió esa risa pero, sobre todo, el poderoso mensaje de Jose. Él no se paró a pensar en el porqué de la enfermedad de Guzmán. Lo que hizo fue buscar un para qué. Demostró, además de una generosidad increíble, que el dolor no siempre implica algo malo y que el sufrimiento se pude convertir en una poderosa fuerza catalizadora que transforme el mundo. Y yo quería formar parte y acompañarle en el camino.

Admiro a Jose Carnero porque fue capaz de transcender su propio dolor, porque dio un paso más allá y quiso encontrarle un sentido a la enfermedad (algo muy difícil). Y lo hizo mientras la combatía y sin saber cómo sería el desenlace. Le movía una fuerza poderosa llamada esperanza.

En Londres corrí  la maratón (la primera) con mi nuevo dorsal. Fui la 25.456 entre cien mil. Y en el arco de salida pensé en Guzmán, en Miguel y en todos esos niños que se enfrentan a la enfermedad. No puedo aliviarles el dolor pero sí dedicarles mi esfuerzo. Esos 42 kilómetros con 195 metros iban por ellos, porque uno sólo no puede luchar contra la leucemia pero cien mil sí y vamos camino de lograrlo.

Éste es mi sueño de maratón. La razón por la que corro. Seguimos adelante.

 

1 comment

  1. maider Reply 25 junio, 2014 at 1:41 pm

    Gracias por este vídeo se me han saltado las lágrimas. Ojala algún día pueda darte un abrazo y darte las gracias por ser una gran energía para todas nosotras simplemente gracias

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